lunes, 23 de junio de 2014

Un comentario

Yo no lo quito

El pasado domingo, 16 de junio de 2014, apareció en el diario El Mundo un artículo cuyo título era "Los militares de la república y su dudosa lealtad". Lo firmaba un tal Angel Bahamonde, catedrático de la universidad Carlos III, y este apellido estimuló mi curiosidad e intenté conocer a través de Internet el currículum de este hombre, su edad, donde se había doctorado en Historia, y otros datos que habitualmente aparecen en cualquiera de esas consultas que con frecuencia este Asno se ve obligado a hacer. Pues bien, ni siquiera pude conocer el lugar ni el año de su nacimiento Espero que dentro de algún tiempo pueda conocer estos datos. La foto de este ilustre catedrático sí, y es ésta que aquí les ofrecemos



A cambio de esta falta de detalles, si podemos comunicar a nuestros lectores que entre los títulos que ostenta están los de codirector de la Cátedra del Exilio, que agrupa a representantes de a Universidad Carlos III, de la UNED, la de Alcalá de Henares, Fundación Pablo Iglesias, y Universidad Nacional Autónoma de Mejico. Asimismo es, desde el año 2006, director de Estudios Contemporáneos de la Universidad Carlos III.

Además ha sido catedrático de la Universidad de Toulouse-Le Mirail y de Paris- Saint Denis.

A la vista de estos datos y a la ausencia de otros, que cada cual saque sus consecuencias.

En el artículo que ha escrito ya pueden suponer que pone a caldo a los militares profesionales republicanos, a los que acusa (salvo a unos pocos) no solamente de "dudosa lealtad" sino, incluso de traición. Pero lo que se resiste a decir es que en el Ejército de la República hubo muchos republicanos, pero lo que no hubo fue militares anarquistas y militares comunistas. 

Republicano era Batet, como también lo era Lopez Ochoa, y ambos, además, masones. Pero no eran comunistas ni anarquistas. Republicano era el artillero don Joaquin Pérez-Salas que era un buen soldado y mejor artillero porque fue número uno de su Promoción. Este hombre odiaba a los comunistas y como se daba cuenta de que el hoy llamado Ejército de la República no era más que un apéndice de la Internacional Comunista se negaba a ponerse las divisas del Ejército Popular y las que no se quitaba eran las estrellas de lo que había sido el Ejército de su República. Y como no quiso huir de España, con las estrellas puestas lo fusilaron al terminar la guerra.

Y como uno ha podido vivir estos temas desde su infancia, van a permitir a este Asno que les cuente una pequeña historia que vivió cuando todavía no había cumplido los seis años. Una historia que se refiere a otro militar republicano, catalán de Lérida, que se llamaba Enrique Pérez Farrás.

La historia militar de Perez Farrás durante la guerra civil fue muy corta. El 19 de julio de 1936 colaboró a liquidar la sublevación de la guarnición de Barcelona y por ello fué nombrado Asesor Militar de las columnas anarquistas que salieron de Barcelona en dirección a Zaragoza. O sea, a la famosa Columna Durruti. En estas fotos aparece al frente de ellas junto a Durruti saliendo de Barcelona en direccion a Zaragoza.


En el asiento trasero sentados Durruti y Perez Farrás, y en el parabrisas del coche pintarrajeado "Cap de Milicies".  Más adelante se le puede ver en plan algo más informal 


Esta labor de asesoramiento duró hasta que, llegando ya a Bujaraloz, Pérez Farrás se dió cuenta de que con aquella gente no se podría ir a ninguna parte si no se les metía la disciplina militar. Durruti se negaba a hacerlo, y el asesor dió media vuelta regresando a Barcelona para ocupar un cargo burocrático hasta que se acabó la guerra. El asesoramiento militar se quedó en manos del sargento Manzanas, del 1º de Artilleria de Montaña. Y como Durruti murió el 20 septiembre de aquel año de 1936, Manzanas desapareció y no se supo más de él.

Pérez Farrás era el Jefe de los Mozos de Escuadra aquel 6 de octubre de 1934 cuando Luis Companys proclamó la República Catalana, Le condenaron a muerte, como a Escofet, pero Alcalá Zamora no quiso dar el enterado y le condenaron a cadena perpetua. Por cierto que El Presidente de la República en sus memorias dice que el único que le dió las gracias por no firmar la pena de muerte fue Pérez Farrás. Años más tarde este Asno pudo enterarse de que había ayudado a compañeros que estaban buscados para asesinarlos.

En estas dos fotos puede verse al Comandante Perez Farrás cuando todavía mandaba los Mozos de escuadra, y pocos años más tarde con las divisas de Coronel del Ejército Popular de la República

Comandante

Coronel

En la segunda foto puede observarse que no lleva ningún distintivo de las condecoraciones que había ganado en Africa, donde había sido herido y propuesto para ascenso, Que, como era artillero, renunció a él, y en su lugar le dieron una Maria Cristina. En el Alcázar de Segovia, en la sala donde están los nombres de los que renunciaron al ascenso cumpliendo el compromiso artillero, en la lápida número 7 está escrito su nombre.

Y ahora les contaré mi  anécdota personal, En enero de 1929, mi padre, que era Coronel de Artilleria Director de la Escuela de Tiro de Costa, en Cádiz, en previsión de su próximo retiro, solicitó una vacante que se había presentado en el Regimiento de Artillería de Montaña, nº 1, cuyo acuartelamiento estaba entonces en la Calle del Comercio 36, en lo que había sido Convento de San Agustin. El 29 de enero de 1929 llegábamos a  Barcelona por barco, y en el muelle estaba paseándose, en espera de la llegada, el comandante mayor del Regimiento, que era D. Juan Ferrater Tell, quien le comunicó a mi padre que el Regimiento se estaba sublevando contra la Dictadura de Primo de Rivera.

 Mi padre, aún de paisano, y acompañado por el comandante Ferrater,  se dirigió al Regimiento donde el Comandante Enrique Pérez Farrás  estaba sublevando el Regimiento incorporándose a la acción del político don Juan Sanchez Guerra. Al llegar al cuartel se estaba embastando a los mulos, y mi padre ordenó tocar " llamada a oficiales". Lo primero que hizo fué echar del cuartel a Perez Farrás, que era el que estaba organizando el motín diciendo que el Regimiento de Mataró, el 8º Ligero, se iba a sublevar también. Ante esta situación, mi padre calmó a los oficiales y les prometió que si el Regimiento de Mataró se sublevaba, él también lo haría por compañerismo del Arma.

Pero el Regimiento de Mataró no se sublevó, y el 1º de Montaña tampoco lo hizo. Pocos meses después tuve ocasión de ver formado el Regimiento, en uniforme de gala, saliendo del cuartel para la llegada del Rey que venía a inaugurar la Exposición Universal de Barcelona del año 1929.


Y ahora solo me queda pedirles perdón por introducirme en esta página y por haberles soltado mi rollete personal.

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