viernes, 5 de abril de 2013

La cristiada

Yo no lo quito


Llega a esta redacción la noticia de que dentro de unos dias se va a estrenar en el cine Palafox de Madrid, la película de Verastegui que lleva por título "La Cristiada", que fué una guerra que se desarrolló en Méjico entre los años 1926 y 1929, cuando este humilde Asno era un niño y la República de Méjico estaba gobernada por Plutarco Elias Calles, fundador del Partido Nacional Revolucionario (PNR), antecesor del actual PRI. Esta es la imagen del entonces Presidente de Méjico


 Esta guerra, que se conoció también como la "guerra de los cristeros" porque su grito de guerra era "¡Viva Cristo Rey!", apenas se conoce en España porque mientras en Méjico pintaban bastos, también en España los periódicos estaban demasiado ocupados porque la dictadura de Primo de Rivera estaba acabándose para terminar en la Segunda República; esa que tanto entusiasmo levanta ahora entre nuestros analfabetos. Y había mucho que contar de lo que iba ocurriendo en España,

Hoy este Asno de Rotterdam pide perdón a sus lectores porque esta página va a ser, en cierto modo, autobiográfica, por la sencilla razón de que este niño de siete y ocho años sí estaba enterado de lo que estaba sucediendo en Méjico, y las noticias de la llegada a España de esta película, despiertan en él recuerdos de su infancia. Y, ya ven lo que son estas cosas, lo que entonces empezaba a conocer se iba a reproducir en España unos años más tarde. La historia empieza así:

En el año 1930, el joven Asno de Rotterdam no tenía más que siete años y estaba estudiando su enseñanza Primaria en un colegio de Barcelona que dirigía un sacerdote en el barrio de San Gervasio, y por entonces llegó a esta ciudad un grupito de monjas de clausura mejicanas que se instalaron en la calle de Puigreig en un torrecita donde organizaron un oratorio con su capilla donde cada día un sacerdote decía misa, Cuando llegaron a Barcelona encontraron sacerdote, pero les hacía falta un monaguillo que, al menos los domingos ayudase a la misa dominical, y algunas veces la misa se repetía porque asistian vecinos del barrio. El caso es que el director del colegio le propuso a mi padre que este humilde servidor pudiera desempeñar el cargo de monaguillo. Mi padre aceptó la petición que le hacía el padre Sabaté, y así fué como este Asno  pudo conseguir para aquella capillita el cargo de Monaguillo Mayor en los oficios de Semana Santa, que eran muy largos y se oficiaban en  latin, acompañados de expresiones en griego, arameo y hebreo. Fué la máxima categoría que llegé a alcanzar en la carrera eclesiástica.

Y no se molesten ustedes si les digo que fuí un buen monaguillo. Si señor; lamás me bebí el vino de misa, y lo más que hacía era lamerme los dedos cuando alguna gota se escurría por fuera de la vinajera, lo que me producía un verdadero placer. Vestía una sotana de color rojo con un roquete blanco muy planchadito y plisadito por quellas monjitas, a las que no pude conocer porque eran de clausura, excepto a una que era la que aparecía por la sacristía para traer algo. Llegué a manejar el incensario con soltura, pero ahí se acabaron mis tareas como turiferario, que es un oficio que a lo largo de mi vida siempre rechacé.

Por entonces los jesuitas, que todavía no habian sido expulsados de España por la República, y habian distribuido unas estampitas con la imagen del padre Miguel Agustin Pro y un pedacito de tejido de su ropa, que era como una reliquia. La imagen era ésta



 En esta foto se le ve de rodillas rezando su última oración antes de ser fusilado. La descarga del pelotón de fusilamiento la recibió con los brazos abiertos y llevando en una mano una cruz y en la otra un rosario. Y esto se sabe porque un fotógrafo no tuvo el menor empacho en fotografiar este momento


Pero no fué solamente el padre Pro el fusilado, sino que fueron muchos otros como éste, al que fusilan tras haber oficiado una misa


 Ni tampoco se limitaron a fusilar sacerdotes, también colgaban a los prisioneros cristeros que caian en sus manos


Pocos años más tarde estas cosas se repetirian en España.


Esperamos que los asistetes a la exhibición de esta película aprendan cosas para ellos seguramente nuevas. A nosotros, los viejos, no nos sorprende ya nada.




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