sábado, 27 de noviembre de 2010

Reflexiones






Yo no lo quito

Como hoy es día de reflexión para todos los que vivimos en Cataluña. el que suscribe, como todo buen ciudadano, ha cumplido con su deber reflexionando. que es lo que manda la Ley. pero no ha podido evitar encender la caja tonta, y se ha tragado parte del último discurso de Zapatero en el que se nos explicaba lo fácil que va a ser salir de este pozo en que nos encontramos. La explicación venía a ser algo parecido a ésto:



Tras escuchar su alegato, la reflexión me ha puesto nervioso porque no acabamos de entender, si todo iba tan bien ¿por qué se le ha ocurrido este cambio de gobierno de hace pocos dias? Este sería un bonito tema de controversia, aunque no apto para soltarlo en este día de reflexión.


Y es que los políticos, para subsistir, o sea para vivir con el culo pegado al asiento y mantener la bien nutrida cartera, se ven obligados a hacer muchas cosas que rayan en lo ridículo. Un ejemplo de ésto puede verse cuando un señor de Córdoba para alcanzar la Presidencia de la Generalidad de Cataluña se ve en la necesidad de retratarse con una barretina encasquetada cuando bien podría hacerlo con un sombrero cordobés que, seguramente, lo llevaría con algo más de garbo. (No demasiado, la verdad). Y aqui lo tienen





aunque hay que rconocer que la idea de su gobierno de exigir en los hoteles de gran lujo el pan con tomate que trajeron a Cataluña sus paisanos está perfectamente justificada. Y no digo ésto porque a mí me guste el pan con tomate con unas gotitas de aceite virgen y un pelín de sal.


Y una vez saboreado el pan con tomate, nada mejor que remojarlo con un buen trago de vino. Y para eso está el porrón, que es un recipiente de cristal que se utiliza para que varias personas puedan beber vino en el campo sin tener que mezclar la saliva de los bebedores. Es como un botijo, pero de cristal, con dos orificios, uno para que salga el chorrito de vino, y otro para "respirar".




El porrón tiene la capacidad de un litro, (concretamente 0,94 litros) lo que hace que no tenga que levantarse con las dos manos, y un cuarto de porrón es lo que se llama "un petricó". Por cierto que este venerable anciano recuerda cómo en su niñez barcelonesa, algunas ancianitas iban a la lechería para comprar "un petricó" de leche, recien ordeñada, por supuesto.



Beber en porrón tampoco requiere mucho arte. Es inevitable que las primeras veces se te caiga alguna gota en la camisa, pero con un poco de práctica eso se evita. Por ejemplo, en esta foto parece que Felipe González no tiene demasiada práctica, aunque hay que perdonarle que intente hacerlo, encima, con una barretina puesta. Y eso ya le resulta un poco más complicado.



Esperamos que a los cliente de hoteles de lujo no les obliguen a beber en porrón.

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